Agresión intrasexual entre perras gestantes que conviven

 
 
 

 
 
 

En este caso se describe el cambio en el comportamiento y los problemas de convivencia que surgen entre dos perras de raza Pastor Alemán al quedar las dos preñadas al mismo tiempo. Se observan agresiones a partir de los 40 días de gestación. Existe agresión intrasexual con componentes prematernal, territorial y jerárquico, todo ello desencadenado por los cambios comportamentales y hormonales que produce la gestación. Los animales respondieron bien a la modificación de conducta y al tratamiento con fluoxetina y alprazolam.

   

Se presentan a consulta dos perras Pastor Alemán, “Gina” de 5 años que pesa 31 kg; y “Bella” de 4 años, con 30 kg; ambas preñadas, con aproximadamente el mismo tiempo de gestación. Los propietarios son un matrimonio con dos niños, el hombre se dedica al adiestramiento deportivo.

Motivo de consulta: agresividad entre las dos perras.

Historial

Las perras viven en dos perreras de 10 m2 cada una, situadas en el jardín de unos 400 m2 de un chalet. Provienen de criadores: “Gina” llegó con dos meses de edad, mientras “Bella” fue comprada en Holanda con un año de edad; había sido vendida por el fallecimiento de su dueño.

Los actuales propietarios refieren que “Gina” ha vivido siempre en un ambiente enriquecido con frecuentes paseos por la ciudad y el campo, que tuvo una buena socialización con personas, perros y otros animales. Fue adiestrada por el dueño en el trabajo deportivo desde los tres meses de edad, aplicando sobre todo métodos cognitivos. Con la llegada de “Bella”, la primera parecía más contenta y motivada por tener una compañera de juego y de paseo. Al poco tiempo, el propietario comenzó a adiestrar también a “Bella”.

Las dos comen un buen pienso de mantenimiento; se les da por la noche en el jardín y al mismo tiempo, pero en diferentes comederos. Alguna vez ha habido un suave gruñido al pasar una al lado de la otra durante la comida y casi siempre ha sido por parte de “Gina”.

Suelen salir de la perrera por la mañana temprano, al mediodía y por la noche, uno de los paseos suele ser largo, más de una hora. Un día a la semana acuden a un club de entrenamiento para practicar el adiestramiento deportivo. Los fines de semana están casi siempre sueltas en el jardín, bajo supervisión del dueño, salen al campo con toda la familia o van a alguna competición.

Nunca han manifestado comportamientos agresivos, fóbicos o ansiosos.

Al principio presentaban los celos en fechas diferentes, pero se fueron igualando hasta tenerlos a la par, como ocurre con muchas hembras que viven juntas. El propietario lo aprovechó para que quedaran gestantes al mismo tiempo. Las perras fueron cubiertas por machos diferentes y fuera de su domicilio, su conducta durante el cortejo y el apareamiento fue normal y todo transcurrió sin alteración durante los primeros 40 días de gestación.

 
     
 

El propietario se niega a dejar que se establezca una jerarquía entre sus mascotas por lo que podría repetirse este problema en caso de presentarse nuevamente la situación.

 
     
 

Descripción de la agresión

La pelea se desencadenó durante una de las salidas diarias en el jardín antes de la cena, cuando las perras llevaban 40 días de gestación.

Estuvieron un rato paseando sin problema y después de orinar, inmediatamente, fueron a oler con intensidad la orina una de la otra y a los pocos segundos se pusieron a olfatearse los genitales, después se enfrentaron en postura dominante cara a cara, enseñando los dientes y con “cara de odio”, después se desencadenó un ataque directo, agarrándose por las bocas y sacudiéndose violentamente. El propietario intentó separarlas

poniendo el brazo entre las dos, recibiendo un mordisco de “Gina”. La pelea siguió hasta que el dueño logró coger a “Bella” e introducirla en una perrera, luego hizo lo mismo con la otra.

Las dos perras sufrieron lesiones importantes: “Gina” tenía un corte en la trufa, heridas punzantes en lengua y otras múltiples en la cara, cabeza, cuello y patas; “Bella” sufrió lesiones parecidas y un corte de unos 5 cm en la zona frontal izquierda que dejaba el músculo al descubierto. Se curaron, suturaron y se les dio tratamiento antibiótico: 500 mg de amoxicilina cada 12 horas durante 8 días. Las perras se recuperaron bien de sus heridas, continuando su gestación con normalidad.

Desde ese día empezaron a sacarlas por separado; la que estaba fuera iba a la perrera de la otra en actitud de enfrentamiento, al igual que la que estaba dentro.

Exploración física y pruebas diagnósticas

Examen físico general normal excepto por las lesiones por mordedura. Ecografía abdominal para ver el estado de los fetos, con correcto desarrollo para el tiempo de gestación. No habían sufrido ningún daño. Análisis de sangre completo, con todos los parámetros dentro de los rangos normales; hormonas tiroideas y TSH, (para descartar un hiper o un hipotiroidismo que se pueden producir durante la gestación), los resultados fueron normales.

Diagnostico: agresión intrasexual por conflicto jerárquico.

Tratamiento y seguimiento

El principal objetivo de tratamiento era que las perras dejasen de manifestar comportamientos agresivos entre sí. Se pusieron en práctica los siguientes pasos:

1.- Separar a las dos perras: con esto se busca dividir territorios. “Bella” fue llevada a casa de un amigo de los propietarios durante el resto de la gestación, parto y lactancia; que fueron normales. Así se evitan confrontaciones entre las perras y riesgo para los cachorros. El comportamiento de ambas una vez separadas fue absolutamente normal.

Después de entregar los cachorros a sus nuevos dueños, se intenta juntar ambas perras manteniéndolas separadas por una verja, comprobando que las agresiones persisten.

2.- Intercambio de domicilio durante cinco días: esto se hace con el fin de intercambiar olores y para disminuir la seguridad de la perra que llevaba más tiempo en el territorio (Zaragoza, 2006).

3.- Reintroducción de los animales en su domicilio habitual: se aloja a cada perra en su perrera y se sacan por separado a los paseos para evitar conflictos. Se observa que mantienen el comportamiento agresivo, ya que al soltar en el jardín a “Gina”, ésta fue directa hacia las perreras, produciéndose un enfrentamiento con la verja de por medio, aunque de menor intensidad que los producidos anteriormente, por lo cual se aplica un tratamiento farmacológico.

4.- Tratamiento farmacológico: es necesario instaurar medicación ansiolítica, pues siempre hay ansiedad alrededor de una agresión, tanto por parte del que la provoca, como del que la sufre.

La fluoxetina ha mostrado ser eficaz en el tratamiento de perros con agresividad intraespecífica. Las benzodiacepinas a dosis bajas son ansiolíticas y han demostrado su eficacia al disminuir la agresión, aunque hay que tener en cuenta que pueden desinhibir al animal y esto puede favorecer los ataques (Overall, 1997). Por lo tanto se administró fluoxetina a dosis de 1 mg/kg/24 horas, vía oral. Para evitar los efectos secundarios de este medicamento hasta que comienza su verdadero efecto se prescribió alprazolam a dosis de 0,1 mg/kg/12 horas, vía oral, mientras las perras se mantienen separadas.

5.- Pautas de manejo: se debe evitar el contacto físico entre las dos perras. Se les da de comer siempre por separado, en su propia perrera. No se juega con pelotas ni rodillos cuando una está viendo a la otra, ni se les ofrecen golosinas o premios. Prestarles atención únicamente en la relación individual, cuando la otra no está presente y evitar cualquier motivo de conflicto o competencia entre las dos.

 
     
 

Es necesario instaurar medicación ansiolítica, pues siempre hay ansiedad alrededor de una agresión, tanto por parte del que la provoca, como del que la sufre.

 
     
 

6.- Reintroducción progresiva: Se sigue soltando a las perras por separado y sin que ninguna de las dos vea u oiga el trato que la otra recibe por parte del propietario. Se recomendó que de forma sutil se fuera observando su comportamiento. Si la que estaba suelta se enfrentaba, debía ser encerrada inmediatamente y abandonar los propietarios el jardín. Si su conducta era correcta se le prestaría atención y se le daría un paseo, también podría premiársele con comida o con juego (Overall, 1997).

Después de veinte días los propietarios refieren una mejoría notable, sin enfrentamientos a través de la verja. Las perras se ignoran, aunque la que queda dentro de la perrera quiere salir. Se les instó a seguir de esta forma otros 15 días. En este periodo, una vez al día, se subirían las perras al coche con el bozal puesto, cada una en un transportín, y se las sacaría al campo a dar un paseo sueltas, por separado.

Dos semanas más tarde, se aconseja soltarlas juntas en el jardín, con el bozal puesto mientras se las ignora; todo esto después de comer y pasear juntas en el campo con el bozal puesto. En este momento ya no manifiestan signos de agresión por lo que se decide eliminar la dosis de alprazolam.

Quince días después, las perras parecían haber vuelto a su conducta normal. Se las suelta juntas en el jardín con el bozal puesto y en el campo sin el bozal. Durante este tiempo no se observa ningún incidente. El siguiente paso es soltarlas en el jardín sin bozal.

Un mes más tarde se continúa con las normas de manejo y los paseos juntas. Pasado este mes se empieza a retirar progresivamente la fluoxetina. No ha vuelto a producirse ninguna manifestación agresiva entre ellas. Se aconseja a los propietarios no volverlas a cubrir a no ser que se deshagan de una.

Conclusiones y discusión

Se presenta un caso de agresividad intrasexual entre dos perras que conviven desde hace tiempo sin problema alguno. Si la agresión se manifiesta, está influida por numerosos factores que incluyen: el temperamento genético del perro, la dominancia relativa de los individuos (es decir, es posible que los individuos casi iguales jerárquicamente presenten más conflictos), el tipo de amenaza y la motivación del perro para proteger un recurso determinado (Landsberg, 1998) (ver cuadro inferior).

Con esto podemos concluir que nos enfrentamos a un problema de agresividad intrasexual en perras gestantes, el cual se presenta por numerosas causas ya definidas. Actualmente el problema está controlado, las perras siguen viviendo en el mismo hábitat y conviviendo igual que antes. Sin embargo, ya que el propietario se niega a dejar que se establezca una jerarquía entre sus mascotas, podría repetirse este problema en caso de presentarse nuevamente la situación.

 
     
 

Factores que influyen en la manifestación de agresividad

1. Temperamento genético del perro
Las agresiones dentro del hogar, son más numerosas y más graves en los casos de peleas entre hembras; los perros que comienzan las peleas son de pura raza en su mayoría, con un porcentaje elevado en el caso de los pastores alemanes (Sherman et al., 1996).

2. Falta de jerarquía
La agresión por dominancia aparece cuando la relación jerárquica entre dos perros no está bien definida o está experimentando un cambio (Manteca, 2003). Estas perras no tienen la jerarquía establecida, ya que las dos presentan un carácter muy fuerte y el propietario no ha dejado que se produzca.

En las manadas de lobos y perros asilvestrados normalmente sólo cría la hembra dominante que protege el territorio y los recursos para su camada; al aproximarse el parto empieza a preparar su cubil y a despejar de intrusos peligrosos o competitivos sus alrededores. Una hembra preñada no tolera a otra gestante en su territorio por defensa de los recursos para su camada, por el posible peligro que correrían sus cachorros y porque lo consideraría un desafió a su estatus dominante (Mech et al., 1998)

3. Cambios hormonales
El estro o la gestación se asocian a peleas entre perros que conviven, en un gran número de casos (Sherman et al. 1996). Durante la gestación, una de las hormonas que se segrega es la prolactina, que ha sido definida como un indicador de estrés (Horwitz, 1997). El aumento de prolactina ha sido relacionado con agresividad entre miembros de una misma familia, tanto en personas como en mascotas (Bowen, 2003; Heath, 2003). Se ha comprobado que los tratamientos farmacológicos que inhiben la síntesis de prolactina contribuyen a mejorar el problema (Manteca, 2003).

En este caso, el posible desencadenante de la agresión fue que aproximadamente en el día 40 de gestación, al olfatearse la orina y los genitales mutuamente, las perras detectaran algo que las hizo reaccionar. Es posible que lo que detectaran fuera una elevada concentración de la hormona relaxina en orina (De Haas van Dorsser et al., 2006). Esta hormona únicamente se secreta durante la gestación y lactancia; el mayor pico de producción se puede registrar entre los días 35 y 40 de gestación (Steinetz et al., 1987).

4. Cambios conductuales
Mientras que los conflictos agresivos de dominancia son comunes en las manadas de lobos en cautividad (Schenkel, 1967; Zimen, 1981), parece que este comportamiento es menos importante en la vida social del lobo en libertad. Esto puede sugerir que los conflictos de dominancia pueden ser hasta cierto punto un resultado patológico del contacto tan estrecho entre individuos forzado por la cautividad (Mech, 2000). Las manadas de lobos más grandes pueden tener más de una pareja reproductora. La mayoría de los lobos jóvenes se dispersan de su manada natal cuando tienen dos o tres años, para encontrar pareja y formar una nueva manada (Mech et al. 1998).

 
     
 

 

Bibliografía

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Zimen E. 1981. The Wolf. New York, NY: Delacorte Press.

Daniela Farías Cárdenas (1,5); Teresa Marías Luca de Tena (2,5); Fernando Nájera Muñoz (2,5); Ismael Rozada Camacho (3,5); Manuela Tralla (4,5)

1.- Licenciada en Veterinaria, Instituto Tecnológico de Sonora (México)
2.- Licenciados en Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid
3.- Licenciado en Medicina y Cirugía, Universidad de Valladolid
4.- Licenciada en Psicología, Universidad de Bolonia (Italia)
5.- Master de Etología Clínica y Bienestar Animal, Universidad Complutense de Madrid

*Imágenes cortesía de Ismael Rozada

 

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